GÉNERO

Cooperación Feminista: El Compromiso de la AECID con la igualdad de género 

La Agenda 2030 sitúa la igualdad de género en el núcleo del desarrollo sostenible, reconociéndola simultáneamente como un derecho humano fundamental y como una condición indispensable para construir sociedades pacíficas, prósperas y sostenibles. Este enfoque parte de una premisa clara: sin igualdad real entre mujeres y hombres no es posible alcanzar el conjunto de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) ni promover una acción exterior transformadora.

Desde esta visión, la Cooperación Española asume la igualdad de género como un pilar estratégico de su política de desarrollo. La Ley 1/2023 de Cooperación para el Desarrollo Sostenible y la Solidaridad Global la define como un elemento imprescindible, transversal y distintivo, orientado a reducir las desigualdades estructurales, cerrar las brechas de género existentes, erradicar todas las formas de violencia y discriminación y fomentar el empoderamiento de mujeres, niñas y adolescentes, dando una atención específica a la garantía de los derechos sexuales y reproductivos desde una perspectiva de derechos humanos y salud pública universal.

En coherencia con este marco normativo, la Estrategia de Cooperación Feminista de la Cooperación Española consolida la igualdad de género como seña de identidad y eje vertebrador de toda la acción exterior y de desarrollo. Esta estrategia apuesta por una cooperación feminista transformadora, que aborda las desigualdades estructurales de género desde un enfoque interseccional. Su objetivo último es transformar las estructuras de poder para avanzar hacia una redistribución más justa, inclusiva y sostenible de oportunidades, recursos y capacidades.

Esta visión se concreta en un enfoque dual: la igualdad de género es, al mismo tiempo, un sector prioritario de intervención y un enfoque transversal que impregna todas las políticas, instrumentos financieros, programas y actuaciones de la Cooperación Española. De este modo, las intervenciones específicas se combinan con la integración sistemática del enfoque feminista en ámbitos como la acción humanitaria, la construcción de paz, la lucha contra la pobreza, la justicia climática o los derechos económicos y laborales.

Un diagnóstico claro: por qué hace falta una cooperación feminista

El contexto global evidencia la urgencia de este enfoque. La violencia contra las mujeres y las niñas, según el informe de ONU Mujeres sobre el “Progreso de cumplimiento de los ODS Panorama de género 2024, continúa siendo una grave emergencia de derechos humanos: una de cada ocho mujeres de entre 15 y 49 años ha sufrido violencia física o sexual por parte de su pareja. Allí donde no existen leyes específicas contra la violencia doméstica, las tasas son significativamente más altas.

A estas violencias se suman prácticas nocivas persistentes, como el matrimonio infantil, que sigue afectando a cerca de una de cada cinco jóvenes y que, al ritmo actual, no se erradicará hasta bien entrado el siglo XXII. La mutilación genital femenina, por su parte, ha afectado ya a más de 200 millones de niñas y mujeres en todo el mundo.

Las desigualdades económicas y de cuidados refuerzan este círculo de discriminación. Las mujeres dedican aproximadamente 2,5 veces más tiempo que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que limita su acceso al empleo digno, a la protección social y a los espacios de toma de decisiones. En más de la mitad de los países aún existen restricciones legales que impiden a las mujeres acceder a determinados empleos.

La infrarrepresentación política y económica sigue siendo un obstáculo estructural, sobre todo por retrasos en cuestiones como legislación, políticas y presupuestos con perspectiva de género unido a la persistencia de normas sociales que continúan perpetuando la discriminación. Las mujeres ocupan en torno al 27 % de los escaños parlamentarios y de los cargos directivos, y, de mantenerse las tendencias actuales, la paridad parlamentaria no se alcanzaría hasta 2063.

Este escenario se ve agravado por retrocesos en derechos y por el impacto de las crisis climáticas y humanitarias, que afectan de forma desproporcionada a mujeres rurales y en situación de pobreza, aumentando los riesgos de violencia, desplazamiento y pérdida de medios de vida.

La respuesta de la AECID

Ante este diagnóstico, la AECID despliega su acción en diálogo permanente con los países socios, a través de sus Oficinas de Cooperación en terreno y mediante alianzas con organizaciones internacionales, organizaciones feministas, entidades de la sociedad civil y otros actores públicos y privados.

En este marco, se impulsan iniciativas orientadas a la:

  • La participación plena y efectiva de las mujeres, las niñas y las adolescentes en la vida política, económica, social y cultural y la protección de sus derechos.
  • Garantía del acceso a servicios sociales básicos, a la justicia y a sistemas de protección social con enfoque de género y enfoque de derechos humanos.
  • Lucha contra la pobreza, la violencia de género, la trata de mujeres y niñas y otras prácticas nocivas, así como promoción de la participación de las mujeres en la prevención de conflictos, la construcción y el mantenimiento de la paz.

Este trabajo se acompaña de una apuesta decidida por la transversalización del enfoque feminista en todas las fases del ciclo de la cooperación —desde el diagnóstico hasta la evaluación— y en todos los sectores estratégicos, incluyendo la acción humanitaria, la paz y la seguridad, la transición ecológica, la digitalización, la economía de los cuidados y el empleo digno.

Conclusión: avances, desafíos y compromiso con el ODS 5 

A pesar de los progresos alcanzados, persisten brechas estructurales en violencia, pobreza, participación política y cuidados que dificultan el cumplimiento del ODS 5 y del conjunto de la Agenda 2030. Frente a este desafío, la Cooperación Española y la AECID han adoptado una cooperación feminista basada en cuatro pilares: derechos, representación, recursos y alianzas, con el objetivo de transformar las estructuras de poder y avanzar hacia sociedades más igualitarias, justas y sostenibles.

Al mismo tiempo, los compromisos internacionales ya están dando resultados: el matrimonio infantil y la mutilación genital femenina han disminuido, hay más niñas escolarizadas y la presencia de mujeres en la política es mayor que nunca, aunque aún insuficiente. Estos avances confirman que la cooperación feminista y la defensa de la igualdad de género es una de las vías más eficaces para acelerar el desarrollo sostenible a escala global.
 

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