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    • 09/08/2020 18:00
      -
      Guatemala
      |
      Agua y Saneamiento

      Candelaria Say: lideresa comunitaria y protagonista de uno de los programas de agua de la Cooperación Española en Xesampual, Guatemala

      “Ahora mis nietos disfrutan de un vaso de agua gracias al esfuerzo que hicimos”

      candelaria

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      Xesampual es una localidad de 1200 habitantes situada en el fértil valle de Sololá, en el corazón de Guatemala. Sus colinas son verdes, sus campos preñados de un maíz muy amarillo, que acaba de ser cosechado y se esparce por los techos de las casas. Las  vacas pastan con parsimonia mientras el viento mece  suavemente las copas de los árboles. Las personas viven en comunión con su entorno, siguiendo los ritmos de las cosechas. Alguien comenta, con razón, que parece la tierra de los hobbits.

      Es también uno de los municipios con más población indígena del país, un 95.56% del total de los habitantes pertenecen a los pueblos Kaqchikel, k´iche´tz'utujil., que a su vez son parte del pueblo maya. La mayoría habla sus lenguas originarias y vive con una cosmovisión propia y rica. El 15% vive en la extrema pobreza, alimentándose de lo que le da el campo, de pequeños negocios o de  las remesas que envían los emigrantes.  

      Xesampual tiene también un tesoro: cuenta con un grupo de lideresas del agua. Ellas han sacado adelante un proyecto de agua con el apoyo de la Cooperación Española que hoy en día es una barrera de protección frente a los virus.

      Una de ellas es Candelaria Say Saquilá, que roza los 50 años. Viste falda y blusa tradicional cosida por ella misma y piel luminosa. Al preguntarle a qué se dedica, dice que no trabaja "bueno sí, trabajo mucho, pero dentro de casa", ríe. Su sola presencia transmite seguridad y  paz, aunque es firme y enérgica en sus afirmaciones. Explica que ahora que tiene más tiempo libre (por ejemplo, puede coser),  y se presta a contar su historia.

      "Aquí se ha tomado en cuenta a las mujeres desde el inicio. Nosotras empezamos este proyecto de agua hace 10 años. Veíamos las necesidades de la casa, en la cocina, en nuestro hogar y nos juntamos para darle solución al problema", cuenta sentada al sol en un banco en una de las casas de sus vecinas.

      El problema era grave: durante los 4 o 5 meses de verano no había agua en las cañerías. Tenían que perder mucho tiempo en ir al arroyo, donde a veces el agua estaba sucia y con tierra y había mucha competencia: había que madrugar mucho para llegar antes que el resto. Por eso decidieron comprar un "nacimiento "de agua y se pusieron en contacto con la Cooperación Española para ver si financiaba un nuevo sistema para llevarla a las casas a través de tuberías.

      Para agilizar los trámites, se creó un comité de agua, formado en su mayoría por mujeres. Y, en el marco del proyecto, se capacitó a más de  cien para que aprendiesen a leer y a escribir. ¿Cómo explicar la relación entre los cursos de alfabetización y la gestión del agua? La alfabetización contribuyó a que ellas también tuviesen un peso en las decisiones y entender las cuentas. Su buen ánimo y diplomacia también aportó, en un mundo donde las cosas las solían resolver los hombres:  "cuando había problemas con las familias, para pedir servidumbres de paso o pedir que se involucrasen en el trabajo comunitario, nos mandaban a las mujeres, que entrábamos con alegría y buen humor. Yo creo que  así es como se solucionan los problemas", continúa Candelaria.

      Actualmente 79 familias son usuarias del sistema por bombeo y que  integra micro-medidores de consumo para el control y calidad del servicio. Para mejorar el saneamiento, se han construido letrinas de hoyo seco ventiladas y pozos de absorción para infiltrar las aguas residuales, que también incluyen un sumidero para captar las aguas de los lavaderos.




      La vida ha mejorado gracias al nuevo sistema. Ya no tienen que ir hasta el arroyo a recoger el agua, ni cargar la ropa hasta las orillas. Entre las mejoras Candelaria destaca también la ventaja de tener duchas en casa. Además la higiene y la salud ha mejorado porque hoy el agua que viene del tanque está clorada: antes la diarrea era algo habitual porque muchos pozos o arroyos se contaminaban porque se compartían con los animales. 

      El sistema de agua cuenta con energía solar para su bombeo. El Comité de agua y los fontaneros  limpian con mucho mimo los paneles y les dan mantenimiento cada dos meses. Gracias a ellos el coste del bombeo es mínimo, pues no tienen que comprar gasolina para impulsar el agua a las casas.

      La comunidad aportó mano de obra no cualificada, bajo la supervisión de las empresas contratistas. "Lo que más recuerdo de todo este proyecto es la alegría-comenta Candelaria-porque desde el inicio se involucró todo el mundo. Pasamos momentos muy felices cargando la arena, construyendo el sistema, tanto niños como mayores. Además, tengo una gran satisfacción de pensar que las mujeres conseguimos que este sueño se hiciese realidad. Y me siento orgullosa. Ahora mis nietos disfrutan de un vaso de agua gracias al esfuerzo que hicimos". "Puedo decir que siento el agua como mía", concluye. 

       


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