Obra del mes. Retablo del Descubrimiento: Galaxia
El reciente hallazgo en el Archivo de una carta autógrafa de Urbano Lugrís, fechada en Madrid el 8 de noviembre de 1951, permite aproximarnos a la historia material y humana del Retablo del Descubrimiento. Dirigida a Sánchez Bella, entonces director del Instituto de Cultura Hispánica, la misiva documenta las circunstancias económicas del encargo y el proceso de ejecución de la obra, iniciado tras la llegada del artista a Madrid en septiembre de ese mismo año. En ella, Lugrís solicita la liquidación de los pagos pendientes, menciona los anticipos recibidos en metálico y en materiales, y reivindica la justa valoración de su trabajo. El documento revela también su delicada situación personal, aún instalado con su familia en una pensión madrileña, entre deudas y urgencias, aunque siempre desde un tono respetuoso, afectivo y leal hacia la institución.
Esta carta ilumina la intensidad con la que Lugrís asumió la ejecución de aquella gran obra destinada al vestíbulo del ICH: un políptico de trece tablas al óleo, con marcos decorados con medusas, hipocampos, conchas, orejas de mar, perlas y otros motivos marinos, que acabaría convirtiéndose en la pieza fundacional de la colección y la primera que realizó en la capital.
Sirva como ejemplo esta tabla escogida del políptico, ya que, por falta de espacio, no podemos exponerlo completo. Galaxia es una de las piezas más bellas del conjunto: sobre una nao de tres palos aparece el fuego de San Telmo y, sobre el cielo nocturno, se despliega la Vía Láctea y un paisaje onírico.
Urbano Lugrís aprendió a pintar de manera autodidacta. Se le conoce especialmente como pintor, aunque también fue muralista, escenógrafo, editor y escritor, además de autor de una capilla dedicada a los Reyes Magos en el municipio de Bueu, Pontevedra.
Fascinado por Julio Verne, su obra plástica nos conduce a las profundidades de su imaginación y nos transporta a un universo interior poblado de mares fantásticos, islas sumergidas, sirenas azules, cielos misteriosos, caracolas gigantes y mástiles de barcos hundidos. El pintor coruñés sueña un océano mágico y lo pinta con tal precisión que ese sueño parece real, como si el mar abriera sus puertas ante nosotros. Lugrís trabaja con una pincelada muy menuda, que le permite alcanzar un gran detallismo. Sus colores son, por lo general, fríos, con predominio de negros, verdes, azules y violetas en numerosas tonalidades, una gama cromática que entronca con el onirismo surrealista. Su iconografía, heredera de la que venía empleando desde la década anterior, incorpora elementos similares a los que aparecen en otras composiciones fechadas en torno a 1944-1946. Todo ello está cuidadosamente tratado, como si se tratara de la labor de un miniaturista refinado, con coincidencias escenográficas que dialogan con muchas de sus otras obras.
El retablo completo y tal como fue diseñado se expuso en la Fundación Abanca, A Coruña, durante unos meses en 2017, y fue una de las obras más admiradas de la exposición antológica dedicada al autor.
Instalación para el Retablo del Descubrimiento en la Exposición: Lugrís. Paredes soñadas. A Coruña, 2017. Siguiendo el orden de las tablas, es la segunda por la izquierda (Foto ©Autora)
Para más información consultar el catálogo: Blanco Conde, Mª. (2016). Catálogo de la colección artística de la Agencia. AECID. Disponible en línea. Blanco Conde, Mª. (2017) . “Realidades soñadas de Urbano Lugrís”. Blog Reina de los Mares. https://reinamares.hypotheses.org/14676. Archivo Central AECID. SIGNATURA: Nº de carpetilla 2560 de la caja 26833.