Impulsar el saneamiento y el tratamiento de las aguas para mejorar la vida de las personas

18/01/2023 13:00
América Latina y Caribe
|
Agua y Saneamiento

El 73% de los fondos de la cooperación en materia de agua, saneamiento e higiene se destina al agua potable y solo el 27% al saneamiento |

La gestión de las aguas residuales ha de realizarse desde un enfoque integral, teniendo en cuenta multitud de factores que los rodean y que están intrínsecamente relacionados con dicha gestión

Impulsar el saneamiento y el tratamiento de las aguas para mejorar la vida de las personas

​Baños secos en el altiplano boliviano

​Cuando se habla de saneamiento, es habitual pensar en los beneficios de contar con un baño en la casa. Y no es para menos: disponer de aseo en el hogar cambia radicalmente la vida de las personas. Sin embargo, el baño es solo la punta del iceberg de todo lo que supone contar con sistemas de saneamiento óptimos en los que se realice un adecuado tratamiento de las aguas residuales y se controlen los vertidos. Se trata de dos aspectos clave para la salud y el medioambiente, así como para garantizar la “sostenibilidad” de los servicios; es decir, para que mantengan un correcto funcionamiento a largo plazo. Un ejemplo claro es el de los hogares que disponen de baño con fosa séptica: dicha fosa ha de ser revisada y vaciada cada cierto tiempo de forma profesional, y el coste del proceso ha de ser acorde a las posibilidades que tienen las familias para pagarlo. De lo contrario, es posible que posterguen esta actividad o no se realice de manera adecuada, con los peligros que ello puede suponer: malos olores, atascos, inundaciones, contaminación de las corrientes de agua y, en caso de llegar a los sistemas de abastecimiento, enfermedad de las poblaciones.

El coste de no hacer nada

No cabe duda de que dotar de sistemas de saneamiento adecuados a las poblaciones, especialmente si viven en zonas rurales o rurales dispersas, conlleva un importante coste económico. Sin embargo, no hacerlo tiene un impacto tan grande en aspectos como la salud, la igualdad de género o el cuidado del medioambiente, que numerosos expertos señalan “los costes de no hacer nada”; es decir, los gastos que provoca en sanidad o gestión medioambiental y las oportunidades perdidas en educación, entre otros aspectos. Además, se trata de una cuestión de derechos humanos, tal y como estableció la Asamblea General de Naciones Unidas en 2015, cuando se estableció el derecho al saneamiento como independiente del derecho al agua. 

Efectivamente, la inexistencia de saneamiento y un adecuado tratamiento de las aguas residuales tiene impactos en todas las esferas de la vida de las personas. Las aguas sucias producidas por las familias, explotaciones agrícolas o actividades industriales pueden ser enormemente contaminantes si no son correctamente tratadas antes de su vertido. Esto expone a un buen número de personas, especialmente niños y niñas, al agua no apta para el consumo, lo que puede provocar diarreas y otras enfermedades que pueden derivar en consecuencias graves y llegar a producir el fallecimiento. La lista de enfermedades asociadas a la falta de saneamiento es larga: disentería, polio, tracoma (enfermedad de los ojos), esquistosomiasis (gusanos que causan infecciones), cólera o diarrea. En algunas ocasiones, la enfermedad es causada por el consumo directo de agua contaminada; en otras, por el contacto de la piel con aguas sucias y, de manera indirecta, por la proliferación de mosquitos portadores de parásitos, lo que sucede con más frecuencia en lugares donde se acumulan aguas contaminadas.

Del mismo modo, la gestión inadecuada de las aguas residuales tiene un importante impacto en el medioambiente. En 2014, el Banco Mundial advertía de que hasta el 70% de las aguas residuales de Latinoamérica vuelven a los cursos de agua sin ser tratadas, provocando la contaminación de las cuencas, disminuyendo la fertilidad de las tierras de cultivo y poniendo en peligro la calidad de los productos que se producen en ellas.

Equidad de género

Además, el saneamiento tiene una relación directa con el avance en la igualdad de género. Esta correlación es especialmente evidente en las escuelas: disponer de baños diferenciados para chicas y chicos, correctamente equipados, ayuda a evitar el abandono escolar de las niñas y adolescentes, sobre todo a partir del momento en el que tienen su primera menstruación. El informe Puberty Education & Menstrual Hygiene Management, publicado por UNESCO, señala que, en algunos lugares, las niñas pierden entre tres y cinco días de clase al mes por falta de instalaciones sanitarias para gestionar su menstruación y cerca de un 20% opta por abandonar la escuela.


Disponer de instalaciones de saneamiento adecuadas en las escuelas es esencial, especialmente para evitar el abandono escolar de las jóvenes, a partir de la menstruación

Esta realidad es extensible a otras esferas: disponer de servicios de saneamiento en los lugares de trabajo, en espacios públicos y en la calle es básico para las mujeres. Se calcula que en América Latina y el Caribe, unos 140 millones de personas trabajan en condiciones de informalidad. Una parte importante de ellos son vendedores y vendedoras ambulantes que pasan el día, o la noche, fuera de sus hogares. Para estas trabajadoras es esencial disponer de baños públicos, seguros y diferenciados para hombres y mujeres, donde puedan realizar sus necesidades a salvo y disponer de los productos necesarios para su higiene menstrual. Tal y como señala el Relator de Naciones Unidas para el agua y el saneamiento, Pedro Arrojo, la falta de letrinas o inodoros adecuados aumenta el riesgo de sufrir episodios de violencia sexual.

Clave para el desarrollo

El saneamiento y el tratamiento de las aguas residuales domésticas ocupa un lugar primordial en nuestras vidas, a pesar de que a menudo se hable poco de él. En ocasiones, por considerarse un tema tabú; en otras, porque es algo “que no se ve” y los gobiernos y la población no le dan la importancia necesaria. Algo que sucede también con la Cooperación Internacional: ONU-Agua y la OMS estiman que el 73% de los fondos de la cooperación internacional en materia de agua, saneamiento e higiene se destina al agua potable y solo el 27% al saneamiento. Sin embargo, es, en palabras de Pedro Arrojo.

A pesar de ello, en la actualidad, más de cuatrocientos millones de personas no tienen acceso a servicios de saneamiento seguro en América Latina y el Caribe, y cerca de diez millones carecen incluso de cualquier servicio básico, por lo que han de practicar la defecación al aire libre. Y las cifras empeoran considerablemente si centramos la mirada en las poblaciones rurales, que sufren una importante brecha de acceso respecto al saneamiento. A nivel mundial, se estima que, de todas las personas que carecen de servicios de saneamiento gestionados de forma segura en 2020, dos tercios vivían en zonas rurales, y estos conforman el 92 % de los 496 millones todavía practicaban la defecación al aire libre.





Soluciones específicas y adaptadas a las necesidades

En este contexto en el que tantas personas no disponen aún de saneamiento gestionado de forma segura en América Latina y el Caribe, no es posible ofrecer una misma solución para todas ellas: las propuestas han de adaptarse a las características y el contexto local, y son muchos los factores que influyen en la toma de decisión de la solución más adecuada, algo que resulta particularmente complejo en las zonas rurales, donde los costes tanto de inversión como de operación y mantenimiento por habitante se elevan considerablemente, lo que unido a la escasez de recursos económicos en estas zonas, hace que sea más difícil asegurar la sostenibilidad.

Desde España, el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento trabaja desde hace trece años junto a los países socios de América Latina y el Caribe tratando de ofrecer soluciones adaptadas a las especificidades de cada zona, teniendo en cuenta los factores que influyen en la toma de decisiones, como el nivel de renta familiar, los condicionantes del entorno (como la orografía y la climatología) y las características socioculturales del lugar, entre otros. Así, a través de sus actuaciones, con los proyectos ya finalizados cerca de 1,4 millones de personas han accedido a servicios de saneamiento y se han tratado las aguas residuales de 960.000. Para ello, entre otras actuaciones, se han construido o rehabilitado 115.000 baños, se han construido un centenar de plantas de tratamiento de aguas residuales y se ha trabajado en la implementación de baños secos, una solución que permite incorporar el saneamiento sin la necesidad de utilizar agua. Así se hizo en Bolivia, como parte del Programa de Agua Potable y Saneamiento para Pequeñas Localidades y Comunidades Rurales de Bolivia (2012-2018), a través del cual se construyeron más de 5.000 unidades de este tipo en 186 comunidades de los departamentos de Chuquisaca, Cochabamba, La Paz y Potosí. La elección de esta modalidad respondió a las características y necesidades de la zona: baja densidad de población, viviendas alejadas unas de otras y acceso limitado al agua. En este contexto, la solución propuesta se realizó adaptando las obras, los diseños y los procesos a la realidad y expectativas socioculturales de las comunidades beneficiarias. Además, se llevó a cabo un amplio programa de sensibilización para explicar los beneficios de tener el baño lo más cerca posible de la casa, ya que, en un principio, las comunidades solicitaron que estuvieran alejados, con el objetivo de evitar posibles malos olores; solo una vez convencidas de que estos no se producirían con el sistema de baños secos, aceptaron construirlos cerca de casa.



En la actualidad, más de cuatrocientos millones de personas no tienen acceso a servicios de saneamiento seguro en América Latina y el Caribe

Enfoque integral del saneamiento

La gestión de las aguas residuales ha de realizarse desde un enfoque integral, teniendo en cuenta multitud de factores que los rodean y que están intrínsecamente relacionados con dicha gestión. Así, por ejemplo, a la hora de pensar en el tratamiento de aguas residuales es básico el enfoque de cuenca, para asegurar la preservación de los cursos de agua. Por lo tanto, la planificación sectorial del saneamiento y tratamiento de aguas residuales ha de estar adecuadamente coordinada e integrada con la planificación hidrológica por cuencas.

Además, es imprescindible asegurar la correcta gestión de los sistemas de saneamiento y tratamiento de aguas residuales, para lo cual es necesario contar con recursos económicos y humanos adecuados que permitan operar, mantener y reparar las infraestructuras, controlar los sistemas de tratamiento, vigilar la calidad de los vertidos y en general gestionar adecuadamente las aguas residuales. Contar con suficientes recursos para ello supone un gran reto en la región, y es importante trabajar en modelos de gestión y tarifarios adecuados.

Todos estos son algunos de los factores básicos a tener en cuenta para llevar a cabo una buena planificación del saneamiento. Conscientes de ello, las autoridades de América Latina y el Caribe, reunidos en la Conferencia de Directores del Agua (CODIA) expusieron en 2018 la necesidad de contar con una planificación adecuada. Para apoyar esta petición, el Fondo del Agua de la Cooperación Española, en colaboración con el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas (CEDEX), ha trabajado desde entonces en tres aspectos fundamentales: 1) planificación sectorial, 2) estrategias sobre normativa de vertidos, reúso y gestión de lodos y 3) recomendaciones generales para la realización de proyectos de saneamiento y tratamiento de aguas residuales.

Dentro de cada una de estas tres líneas de trabajo se han llevado a cabo diferentes acciones, como la publicación de guías y documentos de trabajo con recomendaciones, el asesoramiento directo para la elaboración de planes sectoriales a países como Bolivia y El Salvador y la puesta en marcha de talleres y jornadas dirigidos a profesionales del sector en América Latina y el Caribe sobre planificación sectorial y normativa. Asimismo, se acaba de crear una Plataforma de debate sobre normativa sectorial del saneamiento, un espacio desde el cual impulsar el trabajo en red y fomentar el intercambio de experiencias.

Se trata de un trabajo de fortalecimiento institucional y apoyo a la capacitación profesional que ayudará a lograr una gestión más integral y adecuada de todo el proceso del saneamiento, contribuyendo así a la sostenibilidad de las diferentes soluciones implantadas en los territorios. Este es el camino para asegurar que las infraestructuras construidas –ya sean pequeñas fosas sépticas individuales o sistemas de saneamiento de mayor envergadura con alcantarillado y plantas de tratamiento– sigan cumpliendo su función con el paso de los años y se consiga garantizar las metas 2 y 3 del ODS 6, relativas a lograr el acceso a servicios de saneamiento e higiene adecuados y equitativos para todas las personas y a mejorar la calidad del agua reduciendo la contaminación, los vertidos y el porcentaje de aguas residuales sin tratar.


Compartir en Facebook Compartir en Twitter