Centro Cultural de México

Cartografías efímeras. Una mirada a las prácticas contemporáneas mallorquinas

Cartografías efímeras. Una mirada a las prácticas contemporáneas mallorquinas

Comisaria: Luz Massot

Comisaria: Luz Massot

Artistas: Gabriel Pericàs, Lara Fluxà, popea, Ian Waelder, Biel Llinàs, Mar Guerrero, Joan Monrey + performance de popea

 

Cartografías efímeras es una mirada a una generación de artistas mallorquines que han consolidado una práctica de gran relevancia internacional a pesar de una doble insularidad: a la del mar se suma la de un sistema cultural que, mientras exporta una imagen turística de la isla, no destina el mismo empeño en cuidar, acompañar y dar proyección a sus artistas. Las instituciones prefieren exposiciones pensadas para complacer al público de temporada antes que generar espacios y vías de salida para los jóvenes artistas que Mallorca genera. Por eso el mapa que se traza aquí es efímero: no es el de un territorio estable.

Mallorca es hoy el lugar más caro de España para vivir. Su población se multiplica con cifras asfixiantes cada verano y su turismo de masas no solo devasta el territorio, sino que desplaza a quienes lo habitan. La misma isla que no encuentra espacio para sus artistas tampoco encuentra ya vivienda para sus vecinos.

¿Cómo sostenerse, cómo no estar a punto de colapsar cuando aquello que te debería sostener se retira?

 

Mar Guerero

 

Imaginar, al menos, es una manera de empezar. El recorrido arranca a ras de suelo, frente a la ventana que da a la calle, con una escultura de Gabriel Pericàs. Montantes perforados de estantería industrial, liberados de su deber de soportar peso, entran en un contacto desobediente entre sí, como las partes de una oración etiquetadas una a una. Entre todas sus uniones hay una que no es un tornillo, sino un electroimán conectado a la red eléctrica del centro: si la luz se va, la pieza colapsa. Es la misma dependencia, a otra escala, que sostiene o abandona a un artista según decida una institución. En la pared, Torsión y articulación reúne partes torneadas de mobiliario tradicional mallorquín —de esas camas ornamentadas donde la destreza del ebanista hace parecer blanda la madera— en una estructura que, en lugar de desplegarse, se pliega sobre sí misma en un bucle casi introspectivo. Arriba, dos obras de Lara Fluxà flotan suspendidas de cables que parten de estructuras metálicas ancladas a la pared, como si la sala se hubiera conectado a su propia central eléctrica. Si abajo la energía es dependencia, aquí es espera.

 


Lara Fluxà : TARRT, 2024. Glass, water and motor oil. 110 x 80 x 25 cm. 2024

 

En la segunda sala, popea propone la invocación colectiva. popea es una figura que ella hace nacer. Entre telas teñidas y agujereadas, una lámpara y un altavoz convocan a un linaje de cuerpos feminizados que la historia del arte ha representado mal o no ha representado en absoluto. Las telas funcionan como cortinas o membranas: se puede estar a ambos lados, meter la mano por el agujero como quien busca un secreto. Frente al desalojo, la permanencia; frente a la expulsión, un cuerpo colectivo que se cose a mano.

La exposición sigue con Ian Waelder, que trabaja el límite de lo recordable. Sus instalaciones son un sitio más que un objeto: un lugar tridimensional que uno visita, preferiblemente a solas, y que existe tanto por su crudeza física como por su ficción. 1993-(cadence) levanta un laberinto de cartón que evoca una caja de mudanza a medio embalar: fotocopias, una melodía de piano que suena a intervalos, un goteo de agua captado por micrófonos. Son objetos domésticos que eluden el recuerdo concreto y, sin embargo, resultan extrañamente familiares. La pieza nace de un hallazgo casual, un piano encontrado durante su residencia en Basilea, que lo conecta con la historia de su abuelo, exiliado a Chile en 1939. Waelder empaqueta así una poética del desplazamiento y lo incompleto: qué se lleva uno consigo, y qué queda atrás, cuando toca partir.

 


popea : Por encima de la nuez sobre las espaldas una bolsa agujereada (1. Aquesta altra font, 2023, tela, tintas varias, 170 x 250cm), 2023

 

La siguiente sala se abre a dos tiempos. Las fotografías de Biel Llinàs rastrean quién podía quedarse en la isla cuando los señores vivían en Palma y los amos se ocupaban de la explotación de la tierra. Antes del turismo que hoy expulsa, ya existía un sistema que decidía quién podía asentarse y en qué condiciones: ¿cuánto de esa arquitectura del privilegio sigue operando, con otro nombre? En el suelo, sobre tierra, las esferas y semiesferas de Mar Guerrero nacieron de plásticos recogidos en el mar, cuyo rastro quedó registrado en piezas modeladas, y se reprodujeron después en 3D, capa a capa, con filamento de ostra, mejillón y vieira. Lo que en las fotografías es sedimento de un pasado, aquí es fósil de un futuro que ya ha empezado. Aguas cósmicas piensa el ecosistema marino y la observación astronómica como un mismo sistema en tensión.

 


Biel Llinàs: fotografia, Son Berga Nou,  52 x 75 cm, 2026

 

La exposición cierra en una sala en la que se ha ido el sol, con Letanía apórima, de Joan Morey, una pieza sonora que sintetiza dos ideas —la aporía, el punto muerto sin salida, y la letanía, la súplica ritual que pide ayuda o aplaca una ira— en una única voz que repite frases, súplicas e intercesiones hasta el agotamiento. Si el resto de la muestra piensa el poder desde la infraestructura, el territorio o la memoria, Morey lo lleva al terreno de la autoridad y la obediencia. Es la última pregunta que deja la exposición, sin responder: después de tanto sostenerse, ¿a quién se le reza para seguir en pie?

Traer esta conversación a Ciudad de México no es una lección exportada desde Europa. Desde hace unos años esta ciudad ensaya, a su manera y a su ritmo, una versión propia de lo mismo: la llegada de capital extranjero, el encarecimiento repentino de barrios enteros, el desplazamiento de quienes los habitaban y los hicieron. No pretendemos equiparar procesos que tienen historia, causas y consecuencias distintas —ni ignoramos la incomodidad de que sea justamente una mirada europea la que señale algo así en México, cuando esa misma mirada forma parte, en cierta medida, de la corriente que aquí también desplaza—. Tampoco venimos con una solución. Lo que esta exposición ofrece es más modesto: siete formas distintas de imaginar el problema antes de resolverlo, un espejo entre dos ciudades que están aprendiendo, cada una a su ritmo, cuánto puede costar ser deseadas.


Luz Massot

Categoría
Artes Visuales
Exposiciones
Fecha
14/Oct/2026 - 14/Feb/2027
Lugar
Sala de exposiciones_0
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