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    • 3/27/2012 9:00 AM
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      Agua y Saneamiento

      María Neira, OMS: "El Fondo no tiene precedentes, es un ejemplo global"

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      María Neira, Directora de Salud Pública y Medio Ambiente, Organización Mundial de la Salud
      ​​María Neira, Directora de Salud Pública y Medio Ambiente, Organización Mundial de la Salud

      La endocrinóloga María Neira es una de las españolas de mayor rango en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde su sede en Ginebra trabaja para mejorar el manejo del agua y observa con mucho interés los avances del Fondo.

      PREGUNTA: En pocas palabras, ¿cómo describiría el impacto que tiene la falta de agua potable y saneamiento en la salud humana?

      RESPUESTA: Los datos son arrolladores: 1.8 millones de personas mueren al año por la falta de acceso a estos servicios y de ellas, el 85% por cien son niños menores de cinco años. Además, 800 millones de personas hacen equilibrios a diario para poder encontrar agua. Esta realidad nos queda muy alejada pero, ¿se imagina el caos si una ciudad como Madrid estuviera una semana sin agua potable? Sería un verdadero desastre... y le garantizo que como consecuencia los hospitales se llenarían.

      A nivel personal, en los años 80 trabajé como médico en un campo de desplazados entre El Salvador y Honduras y rápidamente comprobé que todos los casos de diarrea infantil que me llegaban se debían a la falta de agua potable y saneamiento. Decidí dedicarme a la salud pública para ir a la raíz del problema.

      P: ¿Qué tipo de impacto cree que tendrán los programas del Fondo?

      R:  El trabajo del Fondo nos interesa muchísimo: para nosotros es una especie de laboratorio. Sus proyectos no solamente se centran en las infraestructuras sino también en crear las condiciones para que se puedan obtener muchos beneficios cuantificables en salud y otros sectores.  No hay ningún precedente a nivel bilateral, y nos pueden beneficiar mucho sus experiencias para aplicarlas a otras regiones del mundo.  Las evaluaciones y el monitoreo serán muy importantes para demostrar los resultados concretos de las inversiones, y cómo están directamente ligadas a la salud. Desde la OMS, queremos aprovechar esta oportunidad para estimular otras inversiones en el sector del agua y el saneamiento, y para trasladar estas prácticas al nivel global.

      P: En plena crisis económica, ¿cómo logran convencer a gobiernos y a otros donantes para que sigan apoyando a este sector?

      R: Luchamos contra la ceguera política, y lo hacemos informando. Los beneficios para la salud son incontestables. Ahora estamos obligados, más que nunca, a ofrecer también argumentos económicos. Por ejemplo, por cada dólar invertido se logra un beneficio de hasta $34 [unos €25] en desarrollo, educación, igualdad, salud, productividad, etc. En otras palabras: nadie contribuye a la economía de un país si está obligado a acarrear agua durante horas. Tampoco se puede conseguir socios comerciales sólidos. Hacemos enormes esfuerzos para que se sepan los retornos de las inversiones, que aunque sean costosas ofrecen muchos beneficios a medio y largo plazo.

      P: ¿Qué tiene que suceder para que estas ideas se traduzcan en servicios públicos?

      R: Por un lado tiene que existir voluntad política, con mayúsculas, por parte de los gobernantes para invertir en el bienestar social de las poblaciones. Nuestro desafío no es solamente que este compromiso se mantenga, sino que aumente. Tiene que haber una visión clara a medio y largo plazo, y los proyectos tienen que generar capacidades a nivel local para que los sistemas sean sostenibles.

      Por el otro lado, también tiene que haber una poderosa demanda ciudadana. La gente tiene que saber que tiene derecho, un derecho humano, al agua potable y al saneamiento. Estos conocimientos son posibles a través del acceso a la educación porque sin ella mucha gente desconoce estos derechos, no sabe que puede reclamarlos. Este problema es mayor en Centroamérica y el Caribe, donde las diferencias sociales son enormes.

      P: ¿Cómo se puede lograr la sostenibilidad de los proyectos?

      R: A través del empoderamiento de las comunidades. Cuando los beneficiarios consideran los proyectos suyos y se comprometen a mantener y mejorar los sistemas, se logra su sostenibilidad. Es necesario que las comunidades consideren el acceso al agua potable y al saneamiento no solamente una comodidad sino también una vía para mejorar la salud, reducir la mortalidad infantil, lograr más igualdad de género y aumentar su desarrollo económico. 

      P: ¿Cómo se diferencian las dos luchas, la del derecho a agua y al saneamiento?

      R: Son muy diferentes porque hay mucha más concienciación entre la población sobre el derecho humano al agua. El saneamiento es el huérfano del sector; mucha gente desconoce su derecho a tener estos servicios  y por ello, todo el mundo pide agua pero muy poca pide saneamiento. Y para que el saneamiento sea efectivo requiere que toda la comunidad participe. Si un 20% de un barrio no usa saneamiento, afecta a toda la comunidad y ya no se obtienen los resultados esperados.

      Recientemente hicimos un análisis para ver cuánta gente todavía defeca al aire libre. Y encontramos que incluso entre el 20% de la población más rica, el 3% todavía lo hace.

      P: ¿Cómo se pueden cambiar estas costumbres?

      R: A través de la educación. Ofreciendo soluciones sostenibles y respetuosas con las costumbres locales. La privacidad es muy importante, así como la ubicación de los sistemas. Y por supuesto, cualquier solución tiene que ofrecer condiciones higiénicas mínimas. En mis viajes he visto letrinas en unas condiciones horribles a las que no me acercaría aunque estuviera desesperada. Preferiría el aire libre.

      P: ¿Qué imagen le viene a la cabeza para ilustrar el impacto del agua potable y el saneamiento en la salud?

      R: Hay tantas... pero tendría que resaltar la vergüenza internacional que supuso la epidemia de cólera tras el terremoto en Haití. Es la crónica de una epidemia anunciada. La comunidad internacional no prestó suficiente atención a dar acceso a agua potable y saneamiento a los desplazados. Y se agitaron muchos fantasmas de tiempos pasados.

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