Madrid, 5 de marzo de 2009. Tras la presentación de los ponentes por parte del director de la AECID, Juan Pablo de Laiglesia, intervino en primer lugar Juan López-Dóriga, que aportó una batería de datos para ilustrar el contexto financiero en el que ha nacido el III Plan Director: caída general del crédito y flujos de capital en los países emergentes; caída global de las previsiones de crecimiento (que incorpora al mapa de la pobreza a 46 millones más de personas); y subida de las materias primas que provocaron la crisis alimentaria, arroz y maiz. Tres de cada cuatro países del mundo, señaló López-Dóriga, no tienen acceso a fondos financieros externos para hacer frente a sus crisis internas.
El director de DGPOLDE dijo que este Plan Director debería ser el de la calidad, el de la eficacia, el del 0,7% y el que de el salto desde la Política de Cooperación a la Política de Desarrollo. Reforzó este propósito repasando las siete líneas estratégicas del Plan Director. Concluyó afirmando que el Plan Director plantea responder a la demanda social de la eficacia, y no a la de la ayuda, sino a la del desarrollo.
Joaquín Rivas mostró el respaldo de la Agencia de Andalucía al nuevo Plan Director: para nosotros es como la casa común de la cooperación española, dijo. Desde su punto de vista, el reto del nuevo Plan Director es ser una política de Estado concertada entre todas las administraciones y actores de la cooperación que ha de estar coordinada desde la AECID.
Rivas se mostró reticente a la estrategia de concentración sectorial contemplada en el Plan, si bien dijo que confía en que sea un proceso paulatino. Tras reclamar mayor presencia de las Comunidades Autónomas (no estamos sólo para aportar dinero al 0,5% del Estado), Rivas afirmó que Accra no es sólo responsabilidad del Estado, sino de todos los actores de la cooperación.
Juana López Pagán también mostró su apoyo al Plan Director, en tanto que se ha hecho un gran esfuerzo para que fueran incorporadas las aportaciones de la FEMP, y propuso ahondar en el concepto de "coordinación", ya que si bien los municipios no son actores directos de la cooperación, la FEMP representa al 95% de las administraciones locales del Estado.
López Pagán dijo que hasta ahora los gobiernos locales no sabían dónde ni cómo se estaba haciendo la cooperación y que esa etapa ha dado paso a una etapa de coordinación que está creando una nueva cultura de la cooperación, una cultura que hace que la cooperación descentralizada sea más importante por su calidad (los ciudadanos se sienten cada vez más solidarios) que por cantidad.
Recogiendo las palabras de López Pagán, López de Cerain dijo que el Ayuntamiento de Madrid hacía hasta ahora una política de cooperación a demanda de las solicitudes de las ONG, una cooperación "por impulsos", mientras que el objetivo ahora de la Corporación es priorizar la lucha contra la pobreza urbana para hacer de Madrid una ciudad sostenible.
López de Cerain dijo que Madrid es el ayuntamiento que más dinero destina a cooperación y que hasta el momento se han realizado más de 1.300 proyectos. Dijo también sentirse orgullosa de un Plan Director del que se siente partícipe.
Más crítico con el Plan Director se mostró David Minoves, pese a reconocer que en su elaboración había habido una participación sin precedentes. Pero no había habido un debate con igualdad de oportunidades, dijo, en tanto que no había habido un acta de propuestas al que hubieran tenido acceso todos los participantes. Señaló que desde Catalunya se propuso una política compartida de cooperación, frente a la propuesta del Plan Director de una política única, y que la reseña al final quedó en una política común.
Minoves habló de un Plan demasiado ambicioso en el objetivo de conseguir el 0,7% en 2012 en el actual contexto de crisis mundial, pero afirmó, por último: "Es nuestro Plan y trataremos de mejorarlo en su aplicación".
Eduardo Sánchez elogió también el proceso de consultas, señaló que era un plan ambicioso en lo instrumental, en lo filosófico, en lo innovador y, sobre todo, que es un Plan que le pone fecha a la demanda histórica del 0,7%. Es un Plan que se propone aprobar la asignatura pendiente de la Educación para el Desarrollo.
Sánchez criticó la falta de un marco presupuestario detallado, lo que hacía menos creíble el Plan a la hora de su ejecución, y la falta de concreción de tiempos y recursos en lo relativo a la acción humanitaria. Mostró también su preocupación por la forma en que se aplicará la concentración sectorial, ya que si no se hace con inteligencia, dijo, puede acabar con proyectos muy interesantes y avanzados. El Plan Director es bueno, dijo, como lo era el anterior, pero hay que lograr aplicarlo.
Finalmente intervino Juan Pablo de Laiglesia, quien se refirió al Contrato de Gestión como un contrato de acomodo, de preparación para el primer Contrato de Gestión bianual de la AECID. Habló también de una Agencia más participativa y horizontal y de una Agencia guiada por objetivos concretos que deja atrás la ejecución presupuestaria como baremo de su actuación. Es la Agencia, y no sus unidades, la que ha de lograr los resultados, dijo.
Antes de ceder el turno a las preguntas de los asistentes, De Laiglesia repasó los cuatro retos de la AECID en este Contrato de Gestión: la previsibilidad de la ayuda, la concentración sectorial, la descentralización de la gestión y por último la coordinación.



