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    • 15/04/2019 12:00
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      Agua y Saneamiento

      4 mujeres y el agua

      Con motivo de la Conferencia Latinosan en Costa Rica sentamos a Denise, Sonia, Adriana y Jennifer, cuatro mujeres de diferentes países, edades y perfiles para debatir cuáles son los desafíos para incrementar el enfoque de género en los servicios de agua y saneamiento.

      4 mujeres charlan sobre agua

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      No tener acceso a agua y saneamiento aumenta la carga de trabajo de las mujeres y disminuye su salud y su acceso a educación, ocio trabajo.  No son suposiciones, ni datos aislados, son cifras que parten de los análisis de la realidad. Según Denise Soares, experta en Género del Instituto Mexicano para la Tecnología del Agua, el 64% de las mujeres acarrean el agua frente al 24% de hombres. Se podría decir, que en lo que respecta a la división sexual del trabajo, el agua es cosa de mujeres.

      Son ellas, además, las que se encargan de cuidar a las personas enfermas por agua contaminada. Las dolencias relacionadas con el agua son  una de las principales causas de muerte y ocupan un 80% de las camas hospitalarias.

      Para combatir todos estos desafíos es fundamental que las administradoras del agua en el hogar participen. Pero, ¿qué ocurre cuando las mujeres quieren liderar la gestión del agua? ¿Cómo se incluye el enfoque de género en  este tipo de servicios? Para resolver estas preguntas el Fondo de Cooperación para Agua y Saneamiento de la Cooperación Española organizó junto a la ONG ONGAWA una mesa redonda para analizar el  "Rol de la mujer en la gestión de los servicios de APS rurales y periurbanos".


      nunca se había involucrado

      Adriana Acuña tiene 50 años y es presidenta de la Junta de Agua (ASADA) de Sierpe de Osa, una zona rural al oeste de Costa Rica. Era madre y empresaria y vivía ajena a los asuntos  comunitarios hasta que una persona le pidió, al saber que tenía estudios, que ejerciese como fiscal en la organización de gestión del agua de su comunidad. "A los 50 pierdes el miedo, eres más fuerte para luchar"-explica con firmeza "trabajo para que mis nietos tengan servicio de agua, algo a lo que yo no pude acceder hasta hace poco ".

      Jennifer Barahona (26 años) rezuma ilusión y energía que se traslada a través de sus ojos pardos y su sonrisa. Comenta que su vida como madre adolescente en el corredor seco de Nicaragua fue dura. Tenía que caminar 3 km por el campo para conseguir el agua y era peligroso. En su comunidad sólo los hombres participaban en la gestión del agua y el sistema no funcionaba; recibían agua durante una hora una vez a la semana. "Con 17 años mi madre me involucró en una reunión sobre el agua y empecé a ver cómo eran las mujeres las que resolvían las cosas. Me fui formando en la Escuela de Lideresas y me gustó: ahora tenemos 2 h de agua diarias. Ojalá se cumpliese mi sueño de tener agua las 24 h del día, no es normal que esto ocurra en pleno siglo XXI".



      mujeres indígenas

      La discriminación que sufren las mujeres respecto a los hombres es mayor si tenemos en cuenta los datos en las poblaciones indígenas. Sonia Henríquez, es representante del Pueblo guna (conocido también como kuna) y parte de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas de Panamá. Es además una de las cabezas visibles de la Escuela de Lideresas del Agua que impulsa la Cooperación Española en el país y que replica una experiencia en la que ya participó Jennifer de Nicaragua:  "La cosmovisión indígena es muy importante. En las historias de mi pueblo siempre estuvo presente la madre. Yo no me siento menos que nadie y trato de intermediar para adecuar los proyectos a nuestra propia realidad, en la que la colectividad es muy importante: el agua no es un derecho individual sino colectivo", comenta.

      consecuencias de la discriminación

      ¿Y qué consecuencias tiene para las mujeres que la gestión del agua sea realizada sólo por hombres?

      La investigadora Denise Soares tiene ejemplos claros tras analizar la situación de las mujeres indígenas champulas en Chiapas, que vivían una situación muy difícil. "Para conseguir leña tardaban dos horas y otras dos horas para conseguir agua. Me parecía increíble que toda la mañana la perdiesen en eso. Los hombres manejaban los sistemas de agua y en época de verano les decían a las mujeres que no podían lavar la ropa,  por lo que se tenían que ir al  río  a hacerlo, con esa carga encima. Sufrían dolores de espalda. Encima recibían una sanción económica si lavaban donde no se podía".


      Las barreras para que la mujer se involucre son múltiples, desde las más físicas a las más sutiles. "Yo nunca pensé que iba a ser líder-comenta Adriana-pero tras participar en una junta de agua muy machista, donde las mujeres permanecíamos calladas y todo estaba muy mal organizado, decidí denunciar las situaciones de injusticia y violencia que también vivía en mi casa y, sin quererlo ni beberlo, me nombraron presidenta", explica Adriana.

      "Yo crecí y se fueron truncando mis sueños-dice Jennifer-.Me casé con 15 años y tuve que ganarme el lugar en la Junta del Agua. A mi marido nunca le he pedido permiso, sólo le he informado. Cuando empecé a participar en la escuela de lideresas del agua opinaba y decía "ahí te vas a volver lesbiana. Creía que por ser feminista iba a cambiar mi orientación", se ríe. Los logros están ahí, y se dan poco a poco, su escuela de lideresas ha conseguido, por ejemplo, formar a las primeras mujeres fontaneras". "Cuando el agua es algo precario, siempre es cosa de mujeres, pero cuando se tecnifica y pasa a ser algo con prestigio y remunerado, se convierte en cosa de hombres. A las mujeres se nos da bien trabajar por amor".

      rol invisibilizado

      "En México-comenta Denisse- el sector del agua está muy masculinizado y el rol de las mujeres, invisibilizado. Los horarios de las reuniones no se adaptan a los de las mujeres, los locales donde se reúnen las autoridades son los habituales de los hombres, por eso ellas no participan. Empieza a haber un discurso más sensible, pero todavía hay prácticas excluyentes.

      "No quiero que otras mujeres pasen lo que yo pasé sin agua", concluye Adriana. Sonia también lo tiene claro: las mujeres están ahí para decir que no a muchas cosas, por ejemplo a los abusos de las trasnacionales. "En la historia del pueblo guna se dice que hay una fuerza masculina y femenina en las cosas, que se unen y se complementan. Pero la realidad es otra".

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